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jueves, 17 de septiembre de 2015

La mágica impersonalidad


Foto: Asucntos cubanos (poema recomendado)
Cuando un vaso de vidrio se rompe, se produce una alarma efímera, sin demasiado sentido. No sé si en algún caso se justifica, tal vez por un eventual valor afectivo o el temor al corte.

Lo cierto es que lamentamos y una nostalgia nos invade como, en otra magnitud, corresponde a las pérdidas irreparables.  Todo esto, claro, en el mundo adulto que heredamos y construimos en forma tan inconciente como aprendida.

Tal vez por este significado que alguna vez se le dio a la “rotura” es que los niños, ni bien hablan son capaces de verbalizar la mejor explicación cuando algo se rompe.

Pese al egocentrismo lógico al año y diez meses, cuando el “yo” está a flor de piel, tras su primer cristal quebrado, mi pequeña dijo: “Se rompió”.

¡Santo remedio!, no hay responsables ni sentimiento de culpa. “Se rompió”, no “lo rompí”. A eso le dicen “impersonalidad”, algo ocurre y punto, no importa quién lo ocasionó. Puede llevar mucho tiempo enseñarlo en una clase de Español, pero los niños lo aprenden ni bien pronuncian sus primeros pensamientos hilvanados y los medios de prensa lo utilizan con fines de omisión. Es una mágica forma de esconder al responsable.

Lectura recomendada:
Oraciones impersonales