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| Foto: Asucntos cubanos (poema recomendado) |
Lo cierto es que lamentamos y una nostalgia nos invade como, en otra magnitud, corresponde a las pérdidas irreparables. Todo esto, claro, en el mundo adulto que heredamos y construimos en forma tan inconciente como aprendida.
Tal vez por este significado que alguna vez se le dio a la “rotura” es que los niños, ni bien hablan son capaces de verbalizar la mejor explicación cuando algo se rompe.
Pese al egocentrismo lógico al año y diez meses, cuando el “yo” está a flor de piel, tras su primer cristal quebrado, mi pequeña dijo: “Se rompió”.
¡Santo remedio!, no hay responsables ni sentimiento de culpa. “Se rompió”, no “lo rompí”. A eso le dicen “impersonalidad”, algo ocurre y punto, no importa quién lo ocasionó. Puede llevar mucho tiempo enseñarlo en una clase de Español, pero los niños lo aprenden ni bien pronuncian sus primeros pensamientos hilvanados y los medios de prensa lo utilizan con fines de omisión. Es una mágica forma de esconder al responsable.
Lectura recomendada:
Oraciones impersonales
